La gente se prepara ya para lo que se avecina: una nueva sociedad. Se habla del nuevo orden mundial. ¿Significa esto que va a cambiar el orden de reparto de los poderes en nuestra sociedad? ¿Significa que se va a otorgar poder de decisión a quienes actualmente no tienen ni voz ni voto en los asuntos mundiales? ¿Qué significa realmente nuevo orden mundial? ¿Cuál va a ser la novedad?
Lo único que yo veo, de momento, es que quienes tienen el poder se están esforzando mucho en el establecimiento de ese llamado nuevo orden mundial. Las mismas personas que marcan las reglas son las que quieren implementarlo. Y yo me pregunto: «¿En qué me van a afectar a mí esas novedades?».
Si buscamos una nueva sociedad, una nueva forma de convivir, primero debemos considerar cómo está estructurada la sociedad actual, cuáles son sus características principales. Solo entonces podremos buscar alternativas. Alternativas reales.
Una sociedad se define como un conjunto de personas que conviven en una comunidad más o menos ordenada. Para que las personas puedan convivir, hacen falta reglas que ordenen el fluir de la vida en común. Y el objetivo principal de esas reglas es doble. En primer lugar, minimizar el número de enfrentamientos, ya que los miembros conocerían de antemano cómo se deben hacer las cosas dentro de la comunidad. En segundo lugar, establecer una autoridad que marque las normas y que controle su cumplimiento por parte de todos los miembros, ya que el hecho de no cumplirlas alteraría la base sobre la que se ha construido la comunidad. Así pues, la autoridad decide qué es «lo mejor», y tiene que convencer a todos los demás miembros de la comunidad de que, efectivamente, eso que han decidido va a ser lo mejor para todos. Una vez establecido esto,
todos los miembros de esa sociedad tienen que trabajar por «el bien común». Este tipo de sociedad provoca una separación entre sus miembros y la autoridad que los gobierna, sin importar quién sea esa autoridad ni cómo ha llegado al poder.
La autoridad gobierna la sociedad. ¿Cómo lo lleva a cabo? ¿Y cómo mantiene su posición de poder?
Hace falta establecer normas de conducta, de comportamiento en todos los aspectos de la vida. En todos los niveles de la interacción humana es necesario que exista un conjunto de reglas para evitar situaciones de conflicto constante que podrían impedir el funcionamiento de la sociedad. En efecto, situaciones conflictivas producidas de manera repetida desestabilizan cualquier sociedad e
incluso pueden acabar destruyéndola, pues los individuos ya no son capaces de convivir dentro de un orden. Y tampoco hay forma de predecir el resultado de las interacciones humanas, ya que en una sociedad sin normas cualquier cosa es posible. Y si no se puede predecir ese resultado, ¿cómo va a poder sacarse provecho de él más tarde? No hay manera de que uno construya su casa si no sabe lo que los albañiles van a hacer con los ladrillos. Así que ¿cómo garantiza la
autoridad el funcionamiento de la sociedad? La respuesta es: decretando reglas.
La autoridad establece varios sistemas de reglas para cubrir todos los aspectos de la vida. El objetivo es delimitar cómo debe comportarse cada individuo en cada circunstancia posible de la vida. La autoridad es quien decide qué es «bueno» y qué es «malo» para todos. Echemos un vistazo a estos sistemas.
- Medios de comunicación. La autoridad necesita una vía para difundir sus decisiones sobre lo que es bueno y lo que es malo. No solo informan a los miembros de la sociedad sobre lo que han decidido, sino que además tratan de convencerles de que su decisión es la decisión correcta, la manera correcta de organizar las cosas. Así que lo anuncian y lo repiten una y otra
vez hasta que se convierte en la norma. La aceptación de las reglas dictadas por una autoridad es crucial en el funcionamiento de una sociedad. - Educación. No solo se trata de convencer a la población, sino de mantenerla convencida. Esto resulta mucho más fácil si los individuos crecen con las ideas que se usan para controlar a la sociedad. De modo que la autoridad organiza un sistema educativo y lo hace obligatorio para todos los niños, para así poder implantar su decisión sobre lo que es bueno y lo que es malo
desde la primera infancia. De esta manera, los individuos se desarrollarán sin ni siquiera darse cuenta de que puede haber otras perspectivas sobre la vida, otras evaluaciones sobre lo que es bueno y lo que es malo. - Poder judicial. La autoridad establece un sistema que supervisa el comportamiento de los miembros de la sociedad y que castiga el incumplimiento de las reglas establecidas. Ayuda a coaccionar a la población para que esta sea obediente, y lo hace a base de dar a conocer
continuamente ejemplos de cuál es el destino que les espera a quienes no se comporten de acuerdo con esas reglas. El resultado es que, con tal de tener una vida más fácil, los miembros de la sociedad se limitan a hacer lo que se les dice. - Sistemas laborales. Para garantizar el bien común, tal como ha sido definido por la autoridad, se establecen diferentes sistemas de trabajo obligatorio para los miembros:
- industria: produce bienes comunes;
- universidad: produce pensamientos comunes;
- religión: produce creencias comunes;
- sistema sanitario: produce salud —pública— común.
- Confusión y división. La autoridad necesita dividir a la población en grupos más pequeños que tengan objetivos y necesidades diferentes. Esto le posibilita transmitir a cada uno de ellos una comprensión también diferente acerca de lo que es el bien común. Ahora todos se enfocarán y trabajarán de maneras muy diversas, incluso opuestas en muchas circunstancias,
con tal de lograr el objetivo común. Esto lo vemos, por ejemplo, en la necesidad de producir cada vez más electricidad, mientras que al mismo tiempo no está permitido contaminar el medio ambiente ni utilizar los recursos naturales que tenemos a nuestra disposición. Un excelente
exponente de esto es la convicción de que la energía nuclear es una energía limpia, cuando en realidad sabemos que sus productos de desecho afectan gravemente a toda la vida durante muchos miles de años. Lo vemos también en las normas que permiten la libertad personal, la privacidad personal, la opinión personal, mientras que al mismo tiempo no está permitido hacer,
decir y ni siquiera pensar nada que cualquiera que obedezca escrupulosamente las reglas de autoridad pudiera encontrar ofensivo.
Con todo esto, uno tiene la impresión de que una sociedad es una estructura muy compleja, y su creación, una ardua tarea. Conseguir que, además, funcione de manera correcta es igualmente complejo, ya que cada individuo, cada circunstancia y cada momento requiere de un enfoque diferente. Es obvio que una sociedad en la que una autoridad decide lo que está bien y lo que está
mal no puede proporcionar normas de conducta para cada una de las situaciones en las que se pueda encontrar un individuo a lo largo de su vida. La vida está cambiando todo el tiempo, nada permanece igual, y lo que ayer parecía adecuado puede que hoy no lo sea. Es por este motivo que la autoridad va cambiando las reglas continuamente. Así que cualquiera puede imaginarse el desafío que supone el tener que seguir convenciendo a la población de que se están tomando las decisiones correctas, cuando en realidad esas decisiones están siendo modificadas una y otra vez.
Para resolver este problema, la autoridad idea un sistema que haga parecer que quien toma las decisiones es el propio pueblo. De esta manera, siempre habrá alguien entre la población a quien poder culpar por los fallos o los contratiempos que vayan surgiendo en el sistema social. Una vez que la autoridad ha educado a la población en su manera de pensar, puede entregar el timón de dirección a algunos de los individuos mejor instruidos, a los más capacitados entre las élites para ejecutar fielmente los planes diseñados para el bien común. Cuando la autoridad decide cambiar de rumbo o bien encuentra a otro individuo más adecuado para sus propósitos, entonces genera un escándalo o algún tipo de acontecimiento catastrófico. De esta manera, el equilibrio cambia y la opinión pública es redirigida. Al haber dividido a la sociedad en grupos diferentes, la autoridad puede alterar fácilmente el equilibrio entre esos grupos provocando pequeños cambios a través de los medios de comunicación, permitiendo a continuación que surjan quejas e insatisfacción desde ciertos grupos y, finalmente, creando nuevas reglas y nuevas leyes.
Para la autoridad, es muy importante no solo que la población crea que se dirige a sí misma, que tiene la libertad de establecer sus propias reglas, sino también que los individuos sean conscientes únicamente de las restricciones que les imponen sus conciudadanos, y no de las impuestas por la propia autoridad. La autoridad se asegura de que todos los conflictos que surjan sea entre diferentes miembros de un grupo o bien entre diferentes grupos de la sociedad. La idea es que los individuos o los grupos se culpen unos a otros y que la autoridad quede, pues,
totalmente fuera del punto de mira. Mientras la gente culpa a la industria farmacéutica de los problemas existentes en el sistema sanitario, aquellos que realmente están organizando y dirigiendo la industria, quienes realmente ostentan el poder sobre la sociedad permanecen impunes, sin mancha. Mientras la gente culpa a los cárteles de la droga por arruinar la vida de tantas personas, aquellos que verdaderamente están creando el desierto mental que lleva a esas personas a buscar un escape de su realidad permanecerán impunes, sin mancha. Y para
garantizar que la sociedad, creada con todas sus divisiones y su diversidad de agrupaciones no se desintegre, la autoridad utiliza constantemente y en todos los lugares y circunstancias el siguiente mensaje: «Estamos juntos en esto. Juntos podemos superar el problema». Así que solo vamos a poder encontrar soluciones reales a los problemas de la sociedad si todos nos mantenemos unidos. Y la única manera posible de mantenernos unidos es cumpliendo las reglas establecidas
por la autoridad.
Dejemos los siguientes puntos bien claros:
- Vives en un país libre si obedeces las reglas de ese país. No se te permite elegir tu país. El país te posee.
- Eres libre de tomar tus propias decisiones si obedeces las reglas de la autoridad.
- Como ser humano, la autoridad te ha otorgado derechos. Estos derechos te serán denegados cuando la autoridad lo considere necesario.
- La autoridad determina qué es el bien común. Si interfieres con esa idea del bien común, serás castigado.
- La autoridad se ocupa de todas las necesidades básicas de tu vida personal como individuo:
- industria del alimento;
- industria de la energía (gas, petróleo, electricidad, fuentes alternativas);
- industria de la salud (farmacéutica, laboratorios de investigación, tecnología, centros de atención, universidades, control en el nacimiento, control en la muerte);
- industria de los conflictos (ejército, industria bélica, tecnología, propaganda, secreto);
- resolución de los conflictos (policía, tribunales, leyes, programas de reeducación);
- economía: todos trabajamos para la autoridad (impuestos), y ella se compromete a cuidar de cada uno de nosotros en todas nuestras necesidades (trabajo, tiempo libre, entretenimiento);
- educación: la autoridad proporciona una educación adecuada para todos (escolarización, formación profesional, cursos de reciclaje).
¿Qué conclusiones podemos sacar de este análisis?:
- Uno es libre de elegir entre las posibilidades específicas que la autoridad le permite. Y elegir es obligatorio.
- El único derecho que en realidad uno tiene es el derecho a servir a la autoridad.
- La autoridad decide qué es lo mejor para todos y cuándo cambiarlo.
- La autoridad elimina todos los conocimientos y las habilidades individuales para reemplazarlos por los conocimientos y las habilidades que la sociedad requiere. No está permitida la individualidad salvo en lo que respecta a la industria del entretenimiento, desde la cual se fomenta y se alaba el inconformismo y el extremismo. Esto constituye la semilla para confundir a
los individuos dentro de la sociedad sobre lo que es aceptable y lo que no. - Para permanecer en el poder, la autoridad necesita dividir a la población todo lo posible, mantenerla confundida y hacer que se organice mediante grupos en torno a temas únicos. Dichos grupos deben estar formados por individuos de todos los ámbitos que no tengan una vida en común. Los desacuerdos sobre estos temas únicos entre los miembros de la sociedad
darán lugar a discusiones entre ellos, lo que dividirá a la población y requerirá de la intervención de la autoridad. - La autoridad necesita asegurar su supremacía sobre todos esos grupos (nombrar expertos, formar comités de investigación).
- La autoridad necesita controlar el flujo de información (medios, noticias, internet).
- La autoridad necesita saber qué se está gestando dentro de la población para poder anticiparse a posibles problemas (recopilación de datos sobre ingresos, gastos, trabajo, pasatiempos, viajes, intereses personales, qué miras, qué escuchas, qué lees, con quién te comunicas).
Resulta obvio ahora que crear una sociedad y gestionarla es algo muy complejo. Piensa en la corporación más grande que conozcas: la complejidad de una sociedad es al menos diez veces mayor. Solo puedes dirigir con éxito una sociedad cuando eres capaz de controlar todos sus aspectos. Necesitas conocerlo todo y necesitas tener soluciones para todo. Y tienes que asegurarte de que tus trabajadores son lo suficientemente ignorantes, de que desconocen cómo diriges la empresa, de que no tienen capacidad para intervenir, de que puedes hacerles cumplir con tus exigencias en todo momento y en todas las circunstancias, y además, de que no tienen posibilidad de abandonar la empresa. Estoy seguro de que, si te paras a pensarlo, se te van a ocurrir otros nombres para un tipo de entidad así, además de empresa o de corporación. Pero aún
quedan más aspectos a considerar.
Tenemos la sensación de que hay muchos tipos diferentes de sociedad en nuestro planeta, debido a que existen culturas diferentes y sistemas políticos diferentes. Sin embargo, todas las sociedades se apoyan en los mismos fundamentos. Hay una facción dominante y hay súbditos. Hay muchas reglas, decretadas por la autoridad, que todos deben cumplir. Hay un castigo por no
hacerlo. Sin embargo, en cualquiera de esas sociedades se pueden encontrar los mismos sistemas estructurales. Y el propósito de todos esos sistemas es el mismo. Recientemente, hemos notado también que todos usan el mismo lenguaje para expresar los mismos objetivos, y que todos utilizan los mismos métodos para alcanzarlos. Y esto resulta bastante extraño.
Las personas somos diferentes unas de otras. Somos diferentes como individuos y también pertenecemos a culturas diferentes. La diversidad de culturas tradicionales surgió a partir de la diversidad de condicionamientos en que vivía la gente, como el clima, la riqueza de la tierra, el acceso al agua y a los alimentos, así como del hecho de que los grupos vivían separados unos de otros. Esto significa que todos los seres humanos hemos ido evolucionando de maneras
diferentes unos de otros y encontrando soluciones también diferentes a problemas similares. Sin embargo, hoy en día todas las naciones están construidas de la misma manera, sobre los mismos parámetros económicos, comerciales, educativos, financieros y de control y vigilancia. Y, a diferencia de las culturas tradicionales, todas las naciones actuales ofrecen las mismas soluciones a los distintos problemas internos en cada una. Con todo esto, la sensación es que todas las sociedades que identificamos en el mundo, en realidad forman parte de una sociedad más grande.
Todo lo que parece importar hoy en día es siempre de ámbito internacional o global. Se extiende mucho más allá de las fronteras de los países y hace caso omiso a la diversidad cultural. Y esto también está muy bien planificado. Hay organizaciones, sistemas dentro de la sociedad, que formulan y hacen cumplir determinadas reglas a las cuales las naciones están obligadas a adherirse; es más, en muchos casos se ofrecen gustosamente a ello. Las autoridades nacionales se han dejado seducir por la creencia de que la globalización de la sociedad traerá grandes beneficios. Y sus líderes son instruidos para ejecutar esos planes.
A continuación, algunas de las organizaciones de ámbito global creadas para los principales sistemas existentes en la sociedad.
- Animales: el Fondo Mundial para la Naturaleza, el Fondo Internacional para el Bienestar Animal…
- Infancia: Unicef, el Fondo Global para la Infancia, Save the Children…
- Economía: el Foro Económico Mundial, la Organización Mundial del Comercio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico…
- Banca: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, la Corporación Financiera Internacional…
- Salud: la Organización Mundial de la Salud, Médicos Sin Fronteras, la Alianza Gavi para la Vacunación…
- Educación: ALPHA Education, Campaña Global por la Educación…
- Vigilancia y control: la Interpol, la Policía de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la OTAN, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, la Corte Internacional de Justicia…
- Gobierno: las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional…
- Tierra: la Alianza Global sobre Salud y Contaminación, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, la Agencia de Protección Ambiental…
Cada sistema requerido para que una sociedad funcione tiene su equivalente a escala global. Espero que no pienses que organizaciones tan grandes, con sus tremendos problemas logísticos y de financiación para coordinarse y comunicarse en todo el mundo, aparecen por casualidad.
Estas organizaciones están ideadas, organizadas y financiadas por quienes pueden y saben que van a beneficiarse con creces de ellas, a pesar de la enorme inversión de tiempo, energía y dinero que han tenido que realizar para conseguirlo. Necesitan este siguiente paso en el desarrollo de la sociedad para garantizarse una influencia aún mayor en las actividades y en las vidas de sus súbditos. Han creado, paso a paso y con la aprobación de la población general, creyendo esta que es por su propio bien, todos los sistemas que requiere una sociedad gobernada a escala global. No se trata simplemente de unir a todas las sociedades existentes, sino también de transformarlas en una estructura más manejable y más rentable. Menos esfuerzo, mayor control. Menos diversidad, mayores beneficios.
Así pues, tal vez el nuevo orden mundial no tenga nada de nuevo, sino que sea más bien un mundo organizado de una manera muy diferente a como estaba organizado anteriormente. Nunca antes se había creado una sociedad globalizada. Sí ha habido varios intentos, a lo largo de la historia de la humanidad, de gobernar el mundo conocido por medio de la invasión y la fuerza militar. Aunque hoy día eso sigue siendo así, el objetivo principal va ahora más allá de la mera invasión física. La autoridad ya ha sido capaz de invadir nuestras mentes, y ha delimitado y regulado nuestras vidas hasta el punto de que hemos dejado de disponer de los recursos que nos permitirían oponernos a esos sistemas establecidos para nosotros y a los que tan dócilmente hemos estado contribuyendo mediante nuestros votos y nuestro trabajo. ¡No muerdas la mano que te da de comer!
Mi impresión es que la propia estructura de la sociedad es la responsable de las siguientes observaciones:
- Ninguna autoridad dura por siempre. En unos u otros sectores de la población suele haber descontento con la autoridad gobernante.
- Luchamos contra nuestros enemigos para construir la paz. Sin embargo, ninguna guerra convierte a los enemigos en amigos.
- Luchamos por derechos que queremos que nos otorgue la autoridad. Pero al hacerlo, estamos reconociendo que la autoridad es nuestro amo. En cualquier momento, la autoridad puede quitarnos cualquier derecho otorgado previamente, le hemos cedido esa potestad.
- Luchamos por la libertad. Pero al hacerlo, estamos provocando más división y más conflicto, ya que negamos a otros la libertad de ver las cosas de manera diferente. Todo esto resulta en aún más restricciones, con la justificación de que tenemos que proteger nuestra libertad frente a la libertad de los demás.
- Luchamos contra las enfermedades para estar sanos. Según las autoridades sanitarias, los tratamientos médicos avanzan sin parar. Sin embargo, cada década que pasa la población está más enferma, es menos capaz de trabajar y necesita más —no menos— intervención médica.
- Luchamos por la preservación de la vida. Sin embargo, promovemos el aborto bajo la justificación de que no llevarlo a cabo provocaría grandes dificultades en una vida. Y también fomentamos la eutanasia bajo la justificación de que los seres humanos no necesitamos pasar por ciertas experiencias duras de la vida (y son precisamente experiencias de todo tipo las que nos hacen aprender de la vida y de nosotros mismos).
- Luchamos por la verdad. Pero hemos decidido que ciertos mensajes, ciertas ideas, ciertos descubrimientos no son dignos de ser atendidos y, mucho menos, de ser considerados como posibles verdades. La autoridad ha creado expertos que deciden por nosotros qué es verdad.
- Luchamos por ser autosuficientes. Se nos dice que debemos contribuir a que nuestra sociedad sea más autosuficiente, sin embargo, eso nos obliga a renunciar a nuestra propia autosuficiencia como individuos y, por tanto, nos vuelve más dependientes de la sociedad.
Mi sensación es que tanta lucha solo va a conseguir encaminarnos al desastre. Ninguno de esos objetivos podrá alcanzarse jamás a base de librar batallas. Y cualquier autoridad que gobierne a individuos (por definición, solo puede hacerlo mediante un régimen autoritario) jamás tratará de empoderar a los individuos, sino todo lo contrario, buscará aumentar su propio poder.
Dios mío, ¿y hay alguna alternativa?
En primer lugar, ¿qué es una alternativa? Se trata de ‘una elección limitada a una sola entre dos o más posibilidades, que pueden tratarse de cosas, de proposiciones o bien de acciones, y que excluye la elección de cualquier otra posibilidad”. The Britannica Dictionary añade ‘no habitual o tradicional’, e incluso ‘que existe o que funciona fuera de la sociedad establecida’. Entonces parece que sí puede existir una alternativa a la sociedad establecida, pero… fuera de ella.
Dentro de una sociedad autoritaria existe una variedad de opciones sobre la forma de establecer la autoridad —democracia, comunismo, fascismo, etc.—, pero una vez establecida, la manera en que esa autoridad organiza la sociedad sigue siempre el mismo patrón (que hemos visto anteriormente). Por lo tanto, debería existir una alternativa real a una sociedad autoritaria.
Si no tenemos una autoridad que le diga al individuo lo que puede y lo que no puede hacer, entonces debe ser el propio individuo el que decida eso, ¿no? Exploremos este pensamiento un poco más.
¿A qué estamos renunciando si decidimos prescindir de una autoridad externa que nos gobierne?:
- no habrá un gobierno centralizado;
- no habrá un poder judicial;
- no habrá leyes constitucionales;
- no se impondrá una identidad de grupo (nacionalidad, religión,…);
- no habrá una educación oficial;
- no habrá producción a gran escala;
- no habrá una atención médica oficial;
- no habrá un sistema monetario;
- no habrá medios de difusión generalizados.
Si pretendemos una alternativa real, entonces nada que dé a la organización poder sobre el individuo debería ser parte de esa nueva estructura alternativa. Veamos lo que eso debería significar para nosotros, como individuos:
- asumir plena responsabilidad de nuestros propios sentimientos, pensamientos, palabras y acciones;
- resolver por nosotros mismos todos los conflictos en los que nos veamos involucrados;
- decidir por nosotros mismos, libremente, en cualquier momento y ante cualquier situación, cómoqueremos vivir (educación, moralidad, creencias, respuesta a situaciones diversas, tratamiento de enfermedades, con quién compartir la vida…);
- decidir libremente a qué grupo pertenecer y durante cuánto tiempo;
- cuidar de nuestra propia salud;
- ocuparnos de nuestra propia educación y la de nuestros hijos;
- donar nuestros bienes y servicios a otros individuos de manera gratuita;
- recibir bienes y servicios de otros individuos de manera gratuita;
- no tener ninguna obligación con el entorno más que nuestro compromiso libremente decidido.
¿No te parece que de esta manera, libres de cualquier restricción, los individuos caminaríamos en todas las direcciones posibles? Por supuesto que lo haríamos. Esto pone en evidencia el hecho de que la población mundial no está uniformada en realidad, en ningún aspecto de la vida. Una sociedad estructurada y dirigida por una autoridad tiene un formato funcional muy delimitado, muy restringido. Es reconocible y, por tanto, el individuo puede adaptarse a él para no tener que resolverlo todo en la vida por sí mismo. El individuo ya no necesita solucionar sus propios problemas, ni tampoco los del grupo. Limitarse a seguir órdenes le otorga una comodidad y una sensación de seguridad que no tendría de otra manera, y además, le libera de responsabilidad en cuanto a las consecuencias: «sigue el protocolo y estarás a salvo, nosotros te protegeremos». Sin embargo, si no existe un protocolo, si no existen unas instrucciones precisas sobre qué hacer, cuándo hacerlo o qué dirección seguir, cada miembro de la sociedad va a tomar sus propias decisiones a cada momento. Y a esto se le llama caos.
Parece que toda forma de sociedad, toda forma de convivencia, incluida cualquier posible alternativa, requiere de un formato estructurado. ¿Qué esperanza nos queda, entonces, de encontrar una alternativa a un régimen autoritario? ¿De qué otra manera se puede organizar la vida en sociedad?
La vida misma tiene también un marco formal en el que se desarrolla. La vida ocurre dentro de la Naturaleza, es parte de ella. Cada forma de vida está limitada en su estructura por la Naturaleza y, dentro de ella, también por la especie a la que pertenece. La Naturaleza también determina las reglas que guían a cada especie y a cada individuo dentro de la especie. Todos siguen las reglas establecidas por la Naturaleza. Y no hay forma de escapar de ellas. No hay alternativa a la forma en que la Naturaleza ha organizado la vida. No dentro de ella. Y una vida fuera de la Naturaleza… no existe en nuestro planeta. Del mismo modo, en nuestra sociedad autoritaria no existe ninguna alternativa real que sea posible dentro de su restringido marco estructural.
¿Y qué pasaría si reemplazásemos una sociedad autoritaria humana por una sociedad autoritaria natural? Pues simplemente lo que ya sucede en la Naturaleza:
- todos los seres vivos funcionan con las mismas reglas: las leyes de la Naturaleza;
- cada forma de vida tiene el impulso innato de mantenerse con vida el mayor tiempo posible;
- cada especie tiene el impulso innato de permanecer en el planeta el mayor tiempo posible;
- todo tiene un propósito específico, todo sucede por una razón, y nada en sí mismo puede ser considerado como bueno o como malo: se trata nada más que de energías que interactúan;
- cada espécimen aporta en su vida conocimientos y experiencias esenciales para el desarrollo de la especie, lo que a su vez contribuye a la evolución de la Naturaleza;
- cada vida es diferente a cualquier otra vida, pero todas son igual de importantes en la evolución de la Naturaleza;
- la Naturaleza no tiene una constitución escrita, sino que la vida misma es una expresión de las leyes fundamentales de la Naturaleza, la Constitución de la Naturaleza.
Una sociedad liderada por la Naturaleza requiere de todo un conocimiento alternativo muy completo que le permita organizarse según una estructura y un formato totalmente diferentes con base en las leyes de la Naturaleza. En primer lugar, sería bueno tener una idea de lo que implica una Constitución de la Naturaleza. Si queremos saberlo, tendremos que estudiarlo. ¿Dónde? En la
Naturaleza. ¿Cómo? Si no interferimos con ella, podremos observar y aprender qué hace la Naturaleza y cómo lo hace.
Hay buenas noticias para el osado individuo que se decida a embarcarse en este viaje, ya que no solo tendrá que lidiar con los desafíos de supervivencia cotidianos, sino además con los intentos de control y de represión por parte del régimen autoritario imperante: el individuo podrá limitarse a averiguar cómo funciona la vida en su propio entorno natural. Un esquimal, por ejemplo, no
necesita saber cómo es la vida en la zona ecuatorial. El individuo deberá estudiar, en primer lugar, las circunstancias de su propio entorno vital; más adelante, si le interesa, podrá estudiar la vida misma como un todo para entonces poder postular más de las leyes naturales.
Así que observa en tu propia vida los efectos de tus sentimientos, de tus pensamientos, de tus palabras y de tus acciones en tu entorno inmediato y en tu paz interior. Toma conciencia de que tu cuerpo es la manifestación física de tu equilibrio emocional y psicológico interno. Todo lo que tu cuerpo exprese tiene una relación directa con cómo está construido (tu constitución física más tu
aprendizaje temprano) y con cómo funcionas en tu entorno vital (si lo haces de manera eficiente o no, dentro de tus limitaciones particulares). Tu cuerpo nunca miente. Tu bienestar o tu malestar físico en todas las situaciones de tu vida no son más que la expresión de tu estado interior en ese momento y bajo esas circunstancias. Básicamente, el estado en el que te encuentres te está diciendo cómo tu estructura humana personal está respondiendo en tiempo real a tus experiencias de vida. La verdad y la honestidad se expresan en tu propia naturaleza, en tus emociones, en tu estado psicológico y en tu cuerpo. Debes asumir toda la responsabilidad de los efectos que tu vida esté manifestando, tanto en tu entorno cercano como en tu interior. Debes observar y aprender
qué es lo que está provocando ciertos conflictos específicos, sea en tu propio ser interior o entre tu ser interior y tu mundo exterior, y averiguar cómo puedes solucionar el problema.
- Toma la autoridad de tu propia vida.
- No ejerzas autoridad alguna sobre ninguna otra vida.
- Asume toda la responsabilidad de tu propia vida.7
- No reclames nada a ninguna otra vida ni asumas ninguna responsabilidad directa sobre ella.
En una sociedad liderada por la Naturaleza, la piedra angular es el individuo. También lo es en una sociedad autoritaria, pero la diferencia está en que en esta última el poder del individuo es inexistente, mientras que en una sociedad natural el individuo tiene todo el poder. En este caso, es necesario examinar con detalle el tipo de ladrillos que hay disponibles para poder construir la estructura de una sociedad basada en las leyes de la Naturaleza.
A cada individuo se le permite y debe ser lo que necesite ser. Y todos los individuos son completamente diferentes unos de otros en cuanto a conocimientos, habilidades, talentos, conciencia y tantos otros aspectos de la vida que no van a encajar entre ellos de cualquier manera. Juntos, todos los individuos cubren todo el espectro de posibilidades del ser humano. Y sin una estructura escrupulosamente organizada en la que puedan funcionar, en la que puedan convivir en unidad, sería imposible. Si pretendemos formar una sociedad a partir de un montón de ladrillos de formas no convencionales y permitir que cada ladrillo sea lo que necesite ser, entonces a nosotros, como arquitectos, no se nos puede permitir pedirles a esos ladrillos que cambien de forma o que se conviertan en otra cosa. ¿Cómo de tal caos puede una sociedad emerger? Y si
emerge, ¿quién está realmente construyendo la sociedad, quién es el arquitecto (ya que no puede ser una persona, pues ningún individuo tiene permitido controlar a otros individuos en la sociedad alternativa que buscamos)? Pues el arquitecto de esa sociedad es… la Naturaleza.
Dentro de todo el espectro de la humanidad, existen similitudes entre individuos que pueden unir a muchos de ellos. Unos quizá tengan conocimientos sobre cierto estilo particular de vida, ya sea en la montaña, en el mar o en la jungla. Quizá tengan una visión similar de cómo sería una buena vida para ellos o estén de acuerdo en lo que definitivamente quieren evitar en su vida cotidiana.
Quizá coincidan en sus ideas sobre cómo llevar una vida sencilla, tranquila y pacífica, en la que sus hijos estén seguros y tengan la oportunidad de aprender todo lo que necesitan para sobrevivir, para tener un buen futuro y ser ellos mismos. Las personas con visiones similares sobre la estructura básica de la vida quizá se den cuenta de que juntas tienen más posibilidades de crear el tipo de vida que desean para ellas y para sus hijos. Quizá decidan voluntariamente formar un grupo, vivir en comunidad, unidos por valores, esperanzas y expectativas similares. Un grupo así empieza a decidir sobre todos los aspectos de la vida, incluidos los conflictos internos. El grupo toma un rumbo que ha sido determinado por el propio grupo. Cada individuo sigue siendo una persona libre y es escuchada a la hora de tomar decisiones para el grupo. Y sí, habrá un bien
común para el grupo, el cual será decidido entre todos. No obstante, el grupo tendrá que proporcionar los recursos necesarios para que cada individuo pueda disfrutar de ese bien común acordado.
Quizá suceda de vez en cuando que algún miembro de la comunidad deja de sentirse identificado con las bases sobre las que se ha formado el grupo, así que, como individuo libre que no ha dejado de ser en ningún momento, elige marcharse, y se le permite hacerlo sin que deba nada a la comunidad y sin que la comunidad tampoco le deba nada a él. «Fue bueno mientras duró, pero ha llegado el momento de decir adiós». La persona se va en paz y acaba encontrando otro grupo cuyo pegamento básico que lo mantiene unido parece adaptarse mejor a sus actuales necesidades personales.
Los grupos son comunidades vivas, formadas de manera espontánea, en que las personas ponenen común sus conocimientos, sus habilidades y sus talentos en beneficio propio y de los demás miembros del grupo. Cada contribución es gratuita, pero no puede ser exigida por el grupo. Lo que el grupo esté dispuesto a ofrecer a sus miembros es también una elección libre, y debe decidirse de manera local y en función de los recursos que haya disponibles. Está claro que en todo el planeta habrá muchos miles, incluso millones de grupos con diferentes prioridades en la vida, con diferentes maneras de hacer las cosas, con diferentes convicciones, con diferentes recursos, etc. Ningún grupo debe interferir de ninguna manera en ningún otro grupo. A cada grupo se le permite tomar sus propias decisiones, determinar su propio destino, y si los individuos desean que el grupo al que pertenecen realice cambios importantes, entonces depende de esos individuos el llevar juntos a cabo dichos cambios.
De la misma manera, se puede organizar una sociedad globalizada. Estaría formada por un gran número de grupos libres diferentes, los cuales se ocuparían únicamente de sí mismos, sin interferir en ningún otro grupo. Todos los individuos reconocerían el hecho de que la Naturaleza es el organismo gobernante, la verdadera fuente de vida que nos proporciona a todos la misma guía. Todos los individuos serían conscientes de estar siguiendo las mismas instrucciones, basadas en las leyes de la Naturaleza, aunque cada uno pudiera estar viviendo una realidad diferente, experimentando una verdad diferente.
Algo así es factible porque el espectro completo de todas las posibles expresiones en cuanto al modo de funcionamiento de la Naturaleza es mucho mayor de lo que cualquier individuo o cualquier grupo puede llegar a incorporar en toda su existencia. Así pues, lo que es cierto para un grupo no es necesariamente cierto para otro, y esta es la razón principal por la que ningún
individuo y ningún grupo debería interferir en la vida de ningún otro individuo ni de ningún otro grupo. Cada grupo ha de responsabilizarse de sí mismo y nada más, así como cada individuo ha de responsabilizarse de su propia vida y no de la de otros. En una sociedad globalizada, dentro de cada grupo estarían conviviendo un gran número de individuos libres muy diferentes, y cada uno
de esos individuos debería asumir plena responsabilidad sobre su propia vida y ningún poder sobre la vida de otro individuo.
Los grupos deben interactuar entre sí de una manera libre, respetando la singularidad de cada uno de los demás grupos. Pueden intercambiar bienes y servicios si lo desean, pero siempre de manera gratuita. Todo lo que un grupo ofrezca a otro grupo debe hacerlo sin esperar nada a cambio. El grupo receptor, de ninguna manera estará en deuda por ello con el donante. El valor de los bienes y servicios ofrecidos y recibidos es decidido por ambas partes y solo para el momento específico en que tenga lugar la transacción. Así como entre individuos los obsequios son gratuitos y nunca pueden ser exigidos, también las donaciones de un grupo a otro deben estar libres de cualquier forma de deuda o retribución, que en ningún caso podrán ser exigidas. El individuo solo tiene responsabilidades con su propia vida, y el grupo solo tiene responsabilidades con sus propios miembros.
Esta sociedad alternativa, como todas las demás, comienza en el individuo. Es una sociedad que no se basa en los derechos de la persona, aparte del derecho a ser uno mismo, sino en sus deberes, que son los establecidos por la propia Naturaleza. Y el individuo necesita cambiar su idea sobre autoridad: en lugar de aceptar que sea otro ser humano quien le diga qué hacer, cuándo hacerlo y cómo hacerlo, debe confiar en la Naturaleza como guía en su vida. A continuación, la persona empieza a asumir cada vez más responsabilidad sobre sus sentimientos,
sobre sus pensamientos, sobre sus palabras y sobre sus acciones, y comienza a retirarse poco a poco, en la medida de sus posibilidades, de cualquier estructura que la sociedad le ha estado imponiendo en su vida, a liberarse de las cargas que ha ido asumiendo de manera automática. Y cada persona va tomando sus propias decisiones en función de sus circunstancias particulares.
Por fin, la persona comienza a vivir su propia vida. Y entonces decide con quién quiere colaborar, para un mayor beneficio de ambas partes. Siguiendo la guía de la Naturaleza, ambas partes comienzan una vida de apoyo mutuo, de una manera totalmente libre, sin coacciones de ningún tipo, y ambas ven enriquecidas sus vidas gracias a esa cooperación. Y así, poco a poco, el grupo se va expandiendo en número de miembros.
El objetivo de la vida es la supervivencia. Esto significa que el individuo tiene una relación directa con su entorno inmediato, se retroalimenta con el efecto que su vida tiene en ese entorno, equilibra sus necesidades con las exigencias de ese entorno, pero siempre decide por sí mismo lo que considera más adecuado en cada instante. El individuo debe asumir las consecuencias que puedan tener sus decisiones. Esto implica que cualquier conflicto surgido a partir de cualquiera de sus decisiones deberá resolverlo por sí mismo en cooperación con su entorno inmediato.
Y los mismos principios se aplican al grupo. Los individuos que decidan vivir juntos para garantizar su supervivencia, deberán tomar nota de los efectos que sus acciones están provocando en su entorno y afrontar las consecuencias.
Recuerda siempre que cada individuo y cada grupo tiene el mismo derecho que tú a garantizarse su supervivencia. Cada decisión se toma en un momento particular, y no tiene relación con ningún momento futuro. Las circunstancias cambian continuamente, y por tanto, tus decisiones también pueden hacerlo (de hecho, ocurrirá con frecuencia). Cualquier intercambio entre grupos es válido para el momento y las circunstancias particulares en que tenga lugar, y de una manera gratuita.
Así pues, la sociedad global alternativa sería una sociedad impulsada por la Naturaleza, una sociedad por derecho propio en la que todos y cada uno de los grupos de seres humanos se guiarían por las leyes de la Naturaleza. Ningún ser humano tendría el derecho ni el conocimiento necesario para alzarse en juez de ningún otro grupo o individuo, sino que se ocuparía únicamente de sus propias necesidades, y solo estas trataría de proteger. Cada grupo operaría de la misma
manera con respecto a los miembros de la sociedad. El individuo protegería su particular manera de vivir, lo que significa que aunque el grupo decidiese dejar de cooperar con ese individuo, no tendría derecho a negarle sus elecciones personales. Solo podría determinar que ese no sería el grupo adecuado para que ese individuo en particular pudiera llevar a cabo esas elecciones personales. Entonces, el individuo sería libre de marcharse, y debería recibir apoyo del grupo para poder hacerlo. Por otra parte, debido a que cualquier aportación del individuo ha de ser gratuita, lo que esa persona hubiese entregado al grupo no conllevaría ninguna obligación de compensación.
Cada estrato de esta sociedad global alternativa, desde el individuo hasta el orden mundial, se basaría en las mismas leyes: las leyes de la Naturaleza. Resulta entonces obvio que estudiar y conocer esas leyes naturales es un requisito sine qua non para que alguna vez surja una sociedad verdaderamente alternativa en la historia de la humanidad. O puedo decirlo de otra manera: nunca vivirás en una sociedad verdaderamente alternativa mientras no conozcas y vivas según las leyes de la Naturaleza.
Cada individuo determina sus propias reglas de vida, pero también debe procurar una armonía con su entorno inmediato. Y lo mismo es válido para el grupo. De esta manera, el mundo estará compuesto de grupos de personas conviviendo en armonía con los demás grupos, aunque los estilos de vida de unos y de otros sean muy dferentes entre sí. No tendrá por qué existir la envidia, ya que cada individuo tendrá la libertad de encontrar el grupo que mejor se adapte a sus
necesidades particulares para el estilo de vida que desea. Tampoco el miedo tendrá razón de existir, ya que cada grupo tendrá cubiertas sus necesidades y no deseará arrebatar nada a otros.
Una nueva sociedad comienza con un individuo que, a través de su ejemplo, guía a otros por el camino de la Naturaleza.
