La humanidad, al igual que todas las formas de vida, abarca todo un espectro. Se necesitan todo tipo de vidas para que la humanidad evolucione. La distribución de los tipos de vidas a lo largo del espectro sigue una curva de Gauss. Esto significa que la mayoría de seres humanos llevan vidas que podríamos calificar de «moderadas». Sin embargo, muchos otros tienen vidas que son más extremas hacia un lado u otro del espectro. Cómo, cuándo y dónde encarnas determina la base de tu vida y te sitúa en una dirección específica, en un clima específico y en un paisaje específico. Los ingredientes para tu vida están listos y ahora sólo queda cocinarlos.
Vienes al mundo con un conjunto de habilidades y talentos que te guiarán a lo largo de esta encarnación. Eso es lo que se te ha dado para que puedas recorrer tu vida. Esos son los remos que se te han entregado para que puedas navegar por los rápidos del río concreto en el que te encuentras. Otros navegan por corrientes diferentes, lo que significa que no se puede comparar a dos personas ni dos vidas. Todas son diferentes. Tenemos necesidades diferentes en la vida y utilizamos hojas de ruta diferentes. Una vez que se ha elegido tu vida, quedas, al menos durante esa encarnación, «fijado» a ese río concreto y a esos remos. La elección ya está hecha. No puedes escapar de ella. No puedes abandonar tu río ni conseguir remos diferentes. Tu tarea consiste en aprender todo lo que puedas de la parte de la creación en la que te han dejado.
Cada vida es una experiencia única. Y aunque a los gobiernos y a las autoridades les gusta agrupar a las personas para manejarlas mejor, cada individuo seguirá siendo una unidad independiente, anclada en su propio camino. Lo único que necesita es gestionar su propio rumbo, nada más. Así pues, la vida humana tiene estos dos aspectos: la parte individual y la parte grupal. Pertenecemos unos a otros, pero se trata de un grupo formado por individuos muy diferentes y no de una masa gris en la que no se puedan distinguir las unidades individuales. Intentar fusionar todos esos caminos diferentes en una enorme autopista va a distorsionar las vidas de muchos.
Así pues, para entrar en una vida, en una vida concreta, se ha tomado una decisión. Ahora te manifiestas en esta vida específica. Estás en la corriente, en el flujo de la vida. Eso ya no se puede cambiar. Ahora depende de ti. ¿Qué vas a hacer con ello?
Siguiendo con la metáfora del río, podemos profundizar un poco más en esto. Un río tiene una parte principal, en algún punto del centro del curso del agua, donde la corriente es más «fluida». Es la parte menos peligrosa del agua que te llevará río abajo de la forma más cómoda y rápida sin hacer balancear demasiado la barca. A ambos lados de esa zona, la corriente cambia. Por un lado tienes la parte más violenta y turbulenta y, por el otro, la parte tranquila donde el agua apenas se mueve. Todo el curso del agua está «fijado» entre las dos orillas del río. Otro aspecto a tener en cuenta es el hecho de que el río no fluye a la misma velocidad en todo su recorrido. Hay tramos de aguas tranquilas y tramos de rápidos y turbulencias a lo largo de todo el ancho del río. Incluso los ríos de montaña tienen tramos de aguas tranquilas.
¡Y ahí estás! En tu pequeña canoa, con los remos específicos que te han dado, te dejas llevar por el paisaje a lo largo del cual te lleva la corriente. Puede que sea montañoso. Puede que discurra suavemente por el valle. O cualquier cosa intermedia. Ahora la pregunta es: «¿Qué vas a hacer?»
Se trata de tomar decisiones. En primer lugar, recibes instrucciones de personas que conocen un poco el terreno, como tus padres y tu familia. Te enseñan cómo se hace y tú los imitas. Te dicen a qué debes prestar atención y tú lo haces. Te advierten de los peligros con los que se han topado en su río, al descender por un paisaje similar (¡pero no igual!), y tú aprendes. Sin embargo, a medida que avanzas por tu río, te das cuenta de que no es lo mismo, de que en tu vida las experiencias son ligeramente diferentes a las suyas. Además, tienes remos ligeramente diferentes, talentos y habilidades distintas. En resumen, poco a poco te vas dando cuenta de que lo que puede haberles funcionado a ellos no siempre te funciona a ti. Tienes que aprender de los errores que cometes, de las cosas que casi salen mal o que realmente salen mal, pero de las que te recuperas. Los rasguños y los moratones forman parte de la vida. ¿Qué es exactamente lo que estás descubriendo?
Cuando te encuentras en la corriente central de la vida, todo fluye con naturalidad y, sin apenas esfuerzo, consigues mantenerte alejado de cualquier peligro. Te dejas llevar con total tranquilidad, siguiendo exactamente el curso del río, sin quedarte nunca atascado en el lecho ni chocar contra las orillas rocosas. Te sientes a gusto con tu vida y, aunque debes estar alerta y atento, consigues sortear las partes más difíciles del río.
Sin embargo, cuando decides salir del cauce central del río, la vida cambia. Esto puede suceder de dos maneras. O bien acabas en una parte del curso del agua donde hay cada vez más rápidos peligrosos. Con lo que necesitas todo tu ingenio, tus habilidades y tu fuerza personal para no volcar o, lo que es peor, chocar contra las rocas. Tienes que hacer un gran esfuerzo simplemente para mantenerte a flote, sin poder disfrutar del paisaje ni descansar un poco. Un momento peligroso se sucede rápidamente a otro y puedes empezar a preguntarte cómo demonios vas a sobrevivir a esto. Agotado. Desesperado. Perdido. Te concentras tanto en mantenerte a flote que incluso puedes perder de vista la parte del río junto a ti que es tranquila. Ya no sabes hacia dónde te diriges. Lo único que intentas hacer, y eso te exige hasta la última gota de energía que te queda, es seguir adelante. Has perdido la visión general de cómo serpentea el río por el paisaje. Lo único que ves es la roca que tienes delante, aquella hacia la que te diriges en línea recta.
Cuando superes esto, quizá merezca la pena, sin duda en lo que respecta al proceso de aprendizaje, analizar qué fue lo que te permitió pasar de estar a punto de perder la vida a llegar a aguas más tranquilas. Una posibilidad es que tuvieras las habilidades y fortalezas necesarias para salir de la zona de peligro. Bien hecho. Pero recuerda cuánto esfuerzo te costó y que también necesitaste una cierta dosis de «suerte». Tuviste la suerte de encontrar las respuestas adecuadas en el momento adecuado. Entonces, simplemente toma nota mentalmente de que la próxima vez el resultado bien podría ser diferente. Quizás no tengas la fuerza o la perspicacia que tuviste esta vez. Quizás la próxima vez la diosa Fortuna no te sonría. El mensaje es: ¡no vuelvas a hacerlo!
Por otro lado, cuando decides desviarte hacia las aguas tranquilas a un lado del arroyo, te darás cuenta de que la vida ya no fluye con facilidad. Casi se detiene por completo. Tu vida, en este momento, no va a ninguna parte. Parece estancada. Nada de lo que te gustaría lograr o llevar a cabo parece salir bien. Tantas circunstancias, tanta gente, parecen estar en tu contra. Te enfadas. Te frustras. Te desilusionas. Sientes que todo el mundo está en tu contra, incluido Dios. Parece una conspiración deliberada. La vida parece pasar de largo. Las aguas de la vida siguen fluyendo, pero tú no vas a ninguna parte. Simplemente te quedas ahí sentado. Sin ningún peligro, pero sin nada de lo que disfrutar ni por lo que alegrarte. Y el río simplemente te va a dejar ahí, a menos que… ¡A menos que hagas algo al respecto! Tienes que empezar a remar. Tienes que hacer un gran esfuerzo para salir de las aguas estancadas y volver a la parte del río donde corre la corriente. El río no lo va a hacer por ti; todo depende de ti. Has acabado aquí o bien porque eras demasiado perezoso, demasiado desinteresado, o demasiado distraído, o bien porque decidiste que querías estar aquí con la creencia errónea de que aquí se estaba mucho mejor que en medio de la corriente. Pensaste que podrías escabullirte sin tener que estar alerta, sin tener que aprender. Pensaste que estaría bien quedarte quieto en la vida. Éste es un buen lugar, me gustaría quedarme aquí el resto de mi vida. Intentar aferrarte a lo que consideras agradable o bueno detiene el flujo de la vida. La vida cambia constantemente. El estancamiento conduce a la podredumbre. La vida es un flujo constante.
Si quieres evitar pudrirte en ese bonito lugar que te has elegido, tienes que ponerte en marcha. El agua no te mueve, así que tendrás que hacerlo tú mismo. Una vez que tu vida ha llegado a un punto muerto, requiere mucho más esfuerzo volver a ponerla en marcha que el esfuerzo que cuesta mantenerla en marcha. Además de eso, tendrás que superar tu decepción al descubrir que lo que antes parecía un lugar agradable para estar ha resultado ser una trampa. Tendrás que volver a conectar con tus propias habilidades y tu propia fuerza, con las que, mientras tanto, has perdido contacto porque pensabas que nunca volverías a necesitarlas. Será difícil volver a ponerte en marcha. Requerirá concentración. Requerirá un esfuerzo más allá del dolor. Requerirá creer que volverás a alcanzar aguas que fluyen.
Para descubrir los secretos del río, necesitas experiencias que te muestren todas las facetas de tu vida. Haber vivido algo te permite reconocer los primeros indicios de situaciones similares, lo que te ayudará a aplicar las correcciones necesarias para evitar caer en la misma trampa otra vez. Es lógico que, cuando descubras que una orilla del río te acerca peligrosamente al desastre, la próxima vez elijas ir por el otro lado. Allí te das cuenta de que todo movimiento ha desaparecido de tu vida y de que necesitas volver a dirigirte hacia lo agitado, o al menos hasta cierto punto. La combinación ideal de movimiento y quietud se encuentra en algún punto intermedio. Tienes que descubrirlo. Tienes que aprender esto. Es una verdad absoluta en la vida. No te dice exactamente dónde está ese «en algún punto intermedio» en tu vida, en tu río, pero sí te dice que no se encuentra en los extremos.
Un poco de esto y un poco de aquello parece una receta saludable. Dependiendo del estado general de las aguas, quizá te convenga orientarte un poco más hacia la parte más tranquila del río, asegurándote de no alejarte tanto como para que tu vida se detenga en prácticamente todos los aspectos. En otras ocasiones, quizá prefieras buscar la corriente más fuerte, que entraña más peligro, pero cuando te sientas con fuerzas para ello, tu vida avanzará más rápido y dará grandes pasos hacia adelante. Hay momentos para descansar y momentos para esforzarse al máximo. Ten en cuenta que ninguno de los dos es deseable durante un largo periodo de tiempo.
La vida, una vez que te has sumado a ella, gira en torno a las decisiones que tomas. No malgastes energías quejándote del río por el que navegas. Concéntrate en el momento que estás viviendo, en la corriente que te guía a lo largo de esta vida. Te guste o no, las decisiones que tomes en esa corriente determinarán cómo vives la vida. Mantén tu mente centrada únicamente en el flujo de las aguas que te llevan por la vida y ajusta tu posición cuando sea necesario. Un poco de esfuerzo y un poco de descanso. Tú decides cuándo y cómo, y cuanto más hayas aprendido sobre tu propio y particular viaje por la vida, mejor preparado estarás para hacer pequeños ajustes que produzcan grandes efectos. Serás capaz de hacer que la vida no sea más difícil de lo que está destinada a ser.
Tus decisiones en la vida influyen en gran medida en si la sientes difícil o estancada.
Tus decisiones en la vida te meten en problemas o te sacan de ellos.
Tus decisiones en la vida determinan lo que obtienes de la experiencia de esta encarnación.
Sé un capitán consciente al mando de tu propio barco.
Abril 2021

